SENTIMIENTOS CASTUOS

SUSPIROS DE ESPAÑA

domingo, 17 de enero de 2016

 QUERIDOS REYES MAGOS

A primera hora de la noche, el niño ya solía poner los zapatos en la ventana, como niño que era, no perdía la esperanza de que los Reyes atendieran su llamada, una llamada que ya hacía un par de años, no le escuchaban.
Su mamá, pasaba por una situación muy precaria, se había quedado sin trabajo y vivía gracias a la caridad de las buenas almas. 
Anteriormente vivía desahogada, pero la nueva situación la había llevado a un caos total. La mamá, sufría por no poderle dar a su hijo, no ya juguetes, sino cosas más imprescindible como: la comida, la ropa y el calzado. 
La noche de Reyes era más penosa todavía, porque no tenía nada para poner en aquellos zapatos que con tanta ilusión colocaba su pobre hijo en la ventana. Cuando el niño ya se había dormido, la mamá fue a mirar los zapatos, pero se llevo una sorpresa, el niño adjuntaba una carta escrita en una hoja de su libreta del colegio, la mamá muy silenciosa cogió la carta y comenzó a leer.

Queridos Reyes Magos: 
Ésta vez no os voy a pedir juguetes, pero sí os rogaría me dejarais unos zapatos, los niños del colegio se ríen de mi, porque los tengo muy rotos y como me quedan pequeños se me salen los dedos por delante, y si podéis, unos calcetines, da igual el color, pero con estos fríos se me ponen los dedos negros.
En la ventana dejo los viejos para que veáis que es verdad lo que digo.
Gracias queridos Reyes, sé que ésta vez leeréis mi carta. 

Un abrazo de Carlitos.

Cuando la mamá leyó la carta se le cayó el corazón a los pies.
Al despertar el niño, corrió a la ventana y allí estaban unos zapatos flamantes, con sus correspondientes calcetines, de cualquier color, eso no importaba.
Corrió a la habitación de su mamá para enseñárselos, la mamá sonrió soñolienta con cara de haber trasnochado.

Manuela 

jueves, 23 de abril de 2015

UNAS MONEDAS

 CUENTO INFANTIL

                       
El colegio estaba ubicado en la ladera de una montaña, desde donde se podían contemplar unas puestas de sol inigualables, a pesar de que la montaña de Montserrat se interponía con su majestuosa altura. Contaba con una zona vasta y ajardinada, que le hacía atractivo y hospitalario.
Era un colegio grande y bien equipado, con zona deportiva, piscina y un magnifico gimnasio.
Había aulas habilitadas para niños y niñas de todas las edades.

A una de las clases, asistía un niño muy especial llamado Elio. Era muy débil, estaba muy delgadito y apenas podía jugar.
Los compañeros de clase lo rechazaban y si alguna vez él intentaba jugar, rápidamente lo apartaban y le decían:
 - ¡Tu no vales!
       Él, en silencio, se apartaba y siempre andaba dando vueltas por el patio cabizbajo, triste y solo.

Un día el profesor salió de la clase y se ausentó un largo tiempo. Todos los niños, en su ausencia, aprovechaban para mofarse del pobre Elio. Él, como siempre, callaba y, muy triste, seguía con sus deberes Era muy aplicado y siempre en los exámenes era el mejor de la clase. Por ese motivo también le tenían manía, o envidia, porque ellos eran incapaces de seguir la clase como él.

Cuando regresó el profesor, miró la mesa, empezó a remover unos papeles, como si buscara algo entre ellos. Se le veía nervioso.
Con muy mala cara miró a los niños y les dijo:
  -¿Alguno de vosotros ha cogido de mi mesa unas monedas? Yo las había dejado aquí.
     -¿Quién de vosotros ha sido?
Todos los niños callaron.
-Bueno puesto que nadie se declara culpable, me veré obligado a castigar a toda la clase. Pero primero os daré una oportunidad.
Ahora colgaré de la silla esta bolsa, caminaréis en fila india, el que las haya cogido las puede depositar en la bolsa.
Así nadie sabrá quien ha sido. Si no aparecen, me veré obligado a tomar medidas drásticas.
Al terminar miró la bolsa, naturalmente ésta estaba vacía.
-Bueno ¡vosotros lo habéis querido!
Uno a uno portaréis un cartel a la espalda que yo mismo escribiré, en el que ponga algo ofensivo.
Un niño, que le tenía mucho odio a Elio, lo apuntó con el dedo índice y dijo:
-¡Ha sido él!
Toda la clase  gritó.
-¡Sí ha sido él!
Elio lloraba sumiso, como siempre.
El profesor lo miró sorprendido y le preguntó:
-Elio dime la verdad, ¿has sido tú?
Elio, cabizbajo, asintió con la cabeza.
El profesor sentenció muy seriamente:
-Ahora saldremos al patio y llevarás un cartel en tu espalda, en el que ponga “¡Soy un ladrón!”
Los compañeros aplaudieron muy cruelmente.
En la cara del profesor se denotaba una gran tristeza.
Él apreciaba a Elio porque era un buen alumno, prudente y muy inteligente.
Salieron al patio y el pobre Elio iba sumiso y silencioso, como siempre. Con el cartel a la espalda, dio varias vueltas al patio con los compañeros detrás vociferando:
-¡Ladrón, ladrón, ladrón!
Al profesor se le saltaban las lágrimas, pero no tenía más remedio que dar ejemplo, por más que le pesara.
Cuando volvieron a clase y el profesor quitó el cartel de la espalda de Elio, éste cayó desmayado al suelo. Era tan débil que no pudo soportar tanta presión.

Todo volvió a la normalidad. Ya habían retomado la clase      cuando hizo acto de presencia la señora de la limpieza, quien se dirigió al profesor y le dijo:
-En el cajón de la mesa le guardé unas monedas que había dejado entre los papeles.

       -¡Oh! -Una exclamación resonó en toda la clase.
Los niños se pusieron en pie. El profesor, atónito, no sabía que decir, se había quedado sin palabras. Ya más sereno le preguntó a Elio:
-Vamos a ver, Elio, ¿por qué te has autoinculpado de algo que no habías hecho?

 El niño, casi sin palabras, acertó a decir:
-Es que,… para que castigara a toda la clase he preferido sufrirlo yo.
Un aplauso atronador estalló en la clase.
El profesor muy serio y pesaroso le dijo:
- Elio, ven para acá, -lo situó delante de su mesa y les dijo a los niños:
-Iréis pasando de uno en uno, le pediréis perdón y le daréis un gran abrazo. El último se lo daré yo.

Desde ese momento todos los niños querían jugar con Elio, convirtiéndose en el protagonista en todos los juegos.




Manuela

jueves, 11 de septiembre de 2014

SEGUIMOS MARUJEANDO



Ufff… que mañana llevo, no he limpiado la casa ni he preparado la comida,  es que últimamente no me cunde la faena, no sé, estoy como pesada, pero no peso más, que va, no subo de mis ochenta kilos, que ya ves, eso no es nada si tienes en cuenta que mis medidas son… 
Bueno eso mejor me lo cayo.
Y ahora para postre me están llamando a la puerta, seguro que es mi vecina la Teofila, ¡que es de pesada!, ya me vendrá con algún cotilleo de la tele. 
Lo suyo son esos programas que toda la gente dice que no ven, pero que luego están empolladas de todo.
Púes no, mira por donde, hoy viene con el tema del día, sí, de ese, que dicen que ha metido la mano donde no debía.
Pero que eso no es nuevo, que en alguna ocasión, ya hace mucho años, le habían dicho, que, entendían que tuviera dos lenguas, pero no dos bocas.
Claro que la gente todo lo tiene que criticar, con tantas bocas que tenía que alimentar, con tantos retoños y la retoña, no tenía más remedio que hacer filigranas aunque fueran indebidas. 
Pero lo más sorprendente son esos, bueno los que dicen que nos gobiernan, que pobres, a lo mejor tenían unas cataratas como catedrales.
Y es que mi vecina es muy cotilla, pero en ocasiones lleva razón,
sobre todo cuando dice que vivimos en una ciudad sin ley. 
Pero que no se puede generalizar, porque nosotros - los de a pie, -aunque sea una frase tan hecha, si percibimos una miseria de herencia nos hacen pagar gusto y gana por eso que llaman derechos reales, que dicho sea de paso; yo de esto no entiendo, no sé si eso tiene que ver con la realeza. 
No, me dice mi vecina que no, pero ella que sabe, si hasta creo que ella sabe menos que yo.
Me estoy desviando del tema, me dice mi vecina.
Jajaja, mira lo que dice, que hay quien no tiene dos manos sino decenas de tentáculos como los pulpos, vaciando nuestras carteras, porque claro, según mi vecina, así es: son de todos nosotros.
Pero que como mi vecina venía hoy tan misteriosa, yo pensé, “me trae una buena noticia“: que han devuelto los euros que espoliaron, pero que va, que va, como solía decir mi abuela: el ron ron, tres días son. Cuando pase un poco de tiempo. ¿Quién se acuerda ya de eso? Y no pasa nada, bueno pasa que nos quedamos con esta crisis tan cacareada, y en cacareo se quedará.
Bueno voy a darle el pasaporte a mi vecina, que hoy sus cotilleos son los que están al orden del dia en la tele y me está haciendo perder el tiempo. Cuando venga mi marido no tendré la comida preparada, pero es igual, me quiere tanto, que como se suele decir con mirarme se mantiene. Pero que dichos tan mentirososssss.



Manuela      

martes, 1 de julio de 2014

TESTIMONIO DE UNA MARUJA

                           

Bueno, por fin las cosas ya se han serenado, ¡que revuelo con el cambio de rey! claro que es lo más natural del mundo, la herencia de los hijos pasa a los padres, ay, como estoy hoy, de padres a hijos, y si es el único varón es comprensible. 
Sin embargo lo que no acabo de entender, pero claro ¿mi criterio, qué valor tiene? 
Si yo de esto no entiendo, bueno ni de esto ni de casi nada, aparte de las tareas cotidiana de una simple (Maruja).
Pero en mis cortas luces, yo veo una discriminación a la infanta Sofía, sólo por el mero hecho de haber nacido un poquito después. Una princesa y la otra infanta. ¿Podrá entender una niña tan pequeña esa situación?
Claro que como yo no la entiendo, lo veo así, pero quizás ella lo entienda perfectamente.
Yo creo que sería más legal que lo echaran a suerte, pero no ahora, cuando fueran más mayorcitas. 
Creo que a la gente hay que tomarle parecer. ¿qué es eso de tomar decisiones tan importante sin contar con la aprobación de los interesados?
Según los comentarios de la gente hay bastantes esperanzas de que sea un buen rey. 
Por lo menos es guapo, eso no lo puede negar nadie, y además muy cercano al pueblo, eso ya lo denotó a la hora de elegir esposa, que dicho sea de paso: hacen una buena pareja, se ve una reina culta, por lo que dicen, que yo de estas cosas no entiendo, guapa y elegante si es, y de esto si que entiendo, más que nada porque está muy a la vista. 
Otra cosa que dice la gente es que al nuevo rey no le van los bichitos. ¡¡¡que quisquillosa es la gente!!! Sobre todo mi amiga Carmen, es la que me tiene al corriente de todo, yo no le presto atención, la verdad que yo no soy cotilla, que va, que va.
Pero claro también entra dentro de lo normal, y es que las (Maruja)  como ella, eso les encanta, lo suyo es arreglarle la vida a los demás. 
Qué culpa tenemos de no haber tenido suerte el la vida, si las de mi generación la escuela que hemos tenido es la del trapo del polvo y el mocho de la fregona, ah, y parir y criar hijos, dicho sea de paso. Pero que quede claro que de cotilla yo, que va, que va. 

Manuela

miércoles, 25 de junio de 2014

UNA OPINIÓN PERSONAL


Encabezaré este texto con algo que quiero que quede muy claro. No me guían ideas políticas, solo expreso lo que me dicta mi corazón.
Defiendo la vida en todos los casos, pero a lo que realmente dedicaré estas líneas, es al ser que se queda en el camino sin tener la más mínima opción de defenderse.
Creo que cuando una madre toma la decisión de romper su embarazo, muy apretada tiene que tener la soga a su cuello. Por tanto, pienso que quizás una solución sería analizar su situación y en lo posible, ayudarla a solucionar su problema.
Porque en mi cabeza no cabe que una madre quiera quitarle la vida a su hijo, aunque ésta se esté iniciando.
Y no estoy de acuerdo en absoluto en que en las primeras semanas no es un feto, a mí me da igual. ¿Es un embrión? Que más da, es un ser vivo. Si lo dejan, su corazón seguirá latiendo. Cuando tenga doce semanas será un futuro bebe, porque todos sabemos que está completamente formado.
Hoy, gracias a las ecografías, lo podemos comprobar, sin tener lugar a dudas. 
¿La mejor solución? Prevenir. Hoy, afortunadamente, hay medios. Los anticonceptivos están al alcance de todos. Sería una buena solución para evitar males mayores.
Pensando en los casos que hoy están legalizados, yo en este tema ni entro. Pienso que es algo tan íntimo que solo deberían tomar esa difícil decisión los propios interesados. 
De todas formas, creo que es algo incontrolable. Según las estadísticas se han hecho abortos siempre, a lo largo de la historia.
En el único caso en que yo me mostraría flexible, sería en la mala formación del feto.
Y no me voy a extender más, es un tema delicado y soy consciente de ello, pero yo es como pienso y así son mis principios. 
Ahora me gustaría leer esta pequeña poesía.


 EL DERECHO A LA VIDA

Si yo quiero nacer ¿Quién me lo impide?
Si yo no pedí que me engendraran.  
Clamo a las leyes que hoy me amparan,
mi corazón latente me lo pide.

Si ya me encuentro en el sendero,
no me robéis mi derecho a la vida,
yo no quiero que mi vida sea vertida
en el simple vacío de un sumidero.

Hoy me aferro a mi madriguera
con el dolor de vivir, un infierno,
confío en el instinto de mi mama.  

Su amor sublime y puro me libera
y me proporcionará un lecho tierno,
porque defiende mi vida, y me ama. 

Manuela Llera Ramos
                             

miércoles, 23 de abril de 2014

LA HUIDA



        Irene contempla el paisaje desde la ventanilla de un tren que había cogido al azar. La gran ciudad empezaba a agobiarle, las calles plenas de gente, los coches y, sobre todo, el aire irrespirable. Por esa razón tomó la decisión de abandonarla, pero no tenía definido el destino a seguir.
       No hizo elección alguna al coger el tren que la llevaría a un destino incierto. “Sobre la marcha decidiría”, pensó cuando el convoy avanzaba. Ensimismada, contemplaba el paisaje, un paisaje que, a veces, contemplaba sin ver   
           Supuso que quizás por el sur estaría bien. Por lo que dicen, a allí se vive muy tranquilo; después de todo, no tenía prisa, nadie le esperaba: había roto toda relación con su pareja, “ el muy inepto, me había puesto de fea mil veces, ya ves, antes me decía ¡mi reina guapa!”, recordó indignada. Continuó con la mirada perdida, absorta en sus pensamientos.

         Era una chica muy maja, alta, morena, con un cabello que era la envidia de sus amigas, unos ojos tan negros como una noche sin luna. Tenía una gran cultura y era de clase media alta.

       Una pareja conversaba a su lado, ella no escuchaba, pero se interesó al oír que decían:

        -Tenemos que hacer trasbordo en Alcazar de San Juan, sólo hay que cambiar de tren, pero tenemos veinte minutos de parada.

       Todas esas palabras llamaron su atención, porque no sabía el destino de aquel nuevo tren, ni le importaba, se había propuesto viajar un poco al azar.

       Sequía con su mirada perdida en el paisaje. Era muy diferente al catalán que había dejado atrás. Habían desaparecido las montañas, ahora era  un paisaje con mucho menos relieve, eran planicies de un pasto amarillento, como si le hubiesen robado en color al Sol que en pleno Julio, caía implacable sobre los prados. “En  primavera, debe estar verde y florecido”, pensó. Lo apreciaba porque a veces el color amarillo cambiaba de tonalidad. 

       A medida que pasaba el tiempo, esperaba el cambio de tren, a ver si tenía suerte y encontraba en él a alguien más ameno para matar el hastío que la abatía. En ese momento escuchó por megafonía que próximamente tenían que cambiar de tren. Ella como los demás pasajeros, empezó a bajar el equipaje. Llegaron a la estación y tranquilamente cambiaron de tren, estaba estacionado al otro lado del anden. A la entrada del vagón colocó su equipaje. Los compartimentos eran de cuatro asientos, se acomodó en el que había colocado el canasto de un bebé; en los otros asientos no había nadie de momento. Se imaginó que la vecina de asiento sería una señora que habría dejado un instante al bebé para ir al servicio, pero, pensó: “¡que valor, dejar al hijo solo aunque sea un momento!”. Llegaron dos chicos jóvenes y ocuparon los asientos de enfrente. Preocupada por el bebé, aprovechó para bajar un momento a comprar unas revistas y un botella de agua. En el kiosco le ofrecieron unos folletos de propaganda turística, los recibió entusiasmada, así se informaría, a ver si le podía interesar algo y tener algún aliciente ya que iba totalmente desorientada. Cuando volvió a su asiento, los dos jóvenes la miraban un poco recelosos; a su lado seguía el canasto del bebé como lo había dejado. Los chicos habían comentado:

          -¡ Pero bueno, esta tipa se baja y deja al hijo ahí como si fuera una maleta, vaya cara!

        A ella, a su vez, le pareció raro que la madre no hubiese vuelto, pero pensó: “no es mi problema”. Se sentó tranquilamente a hojear las revistas y luego le echó un vistazo a los folletos.

       Uno de ellos era de Mérida, le entusiasmó, ya en su tiempo de estudiante había leído algo de aquella ciudad. Sabía que era una pequeña gran ciudad. Leyó atentamente “…fue fundada en el año 25 a. C. …” “¡Ya había llovido!”, consideró, y siguió leyendo: “…económicamente Mérida es  una ciudad de servicios, con una creciente importación en el sector industrial y casi extinguido el sector primario”. “¡Bueno quizás hasta puedo encontrar trabajo!”. Imaginó. Ya llevaba en paro unos meses y sin esperanza de encontrar trabajo. Siguió entusiasmada en su lectura: “…más de cincuenta y seis mil habitantes…”,¡ ya ves, dará gusto pasear por sus calles!. A ver, de interés turístico:, obras romanas sobre todo: teatro romano, museo romano, anfiteatro romano, arco trajano y puente romano sobre el río Guadiana”.
Ya lo sabía ella, en Mérida había bastantes obras romanas. Algo que llamó su atención fue el lago Proserpina, tenia camping. Otra cosa que le impactó fue los hoteles: ¡más de ochenta! ¡ Normal, no es de extrañar si se tiene en cuenta que el gobierno extremeño está allí! 

         La sacó de su atención el llanto del niño, se había olvidado de él por completo, el niño lloraba con fuerza. “Pero ¿y la madre?…” Empezó a inquietarse. Los chicos de los asientos de enfrente la miraban como si ella fuera la responsable del bebé; claro, cuando ellos llegaron ella ya estaba allí, y cuando ella llegó el bebé ya estaba en el asiento. Empezó a ponerse muy nerviosa, no sabía que hacer, el bebé gritaba sin parar, seguro que tendría hambre, ¿pero qué podía hacer ella? Un chico de los de enfrente le gritó:

       -¡ Al menos ponle el chupete!

       Se asomó al canastito y vio a un bebé de pocos días; un chupete le colgaba de una cadena de color rosa, “ debía ser una niña”, pensó. Le puso el chupete y la niña se calmó.

         Dejó los folletos y volvió a prestar su atención al paisaje. Ahora era diferente: grandes dehesas cercadas con paredes de piedras; el prado seguía amarillento y las esporádicas encinas regalaban su sombra a los rebaños de ovejas y cabras, que soñolientas, descansaban. ¡ Eran grandes las dehesas extremeñas!. Lo habían comentado los chicos. Ahora estaban separadas por una alambrada, que probablemente tendría un poco de corriente eléctrica, porque a lo lejos divisaba reses negras, parecían toros bravos; se veían pastando tranquilamente; al paso del tren ni se inmutan, seguro que lo encontraban de lo más normal, aunque no pasaran muchos trenes al cabo del día.

        Por el personal que llevaba, se deducía que poca gente viajaba. El tren iba lento y se paraba en todo los pueblos, en algunos ni se veía la estación. Por fin paró en una que parecía importante. Se asomó y, debajo de un gran reloj, leyó: “Villanueva de la Serena”. mucha gente bajó, casi se quedo el tren vacío, pero sus compañeros de departamento seguían el viaje: por lo que comentaban iban a Mérida. Se alegró allí se apearía ella y se alojaría en el hotel más cercano a la estación.

         El tren seguía parado y se escuchaba revuelo en el anden. En el interior del tren se notaba cierto nerviosismo entre los pasajeros; se puso de pie y vio a unos cuantos policías que miraban entre la gente. No entendía, en aquel ambiente tan tranquilo, ¿qué podía buscar la policía? Una pareja llegó hasta ellos, miró el canasto y le pidió a ella la documentación del bebé. Quedó petrificada, no podía articular palabra. Al fin logró decir:
        -Este bebé no es mío, señor.
       -¡Claro que no es suyo! -le cortó el policía-, eso ya lo sabemos, pero usted lo ha robado.
       -Esto es un error señor -protestó la chica-, cuando yo llegué al tren el canasto ya estaba ahí.
       -Bueno eso ya lo explicará en comisaría. ¡Queda detenida!

        La bajaron del tren con sus maletas y la metieron en un furgón de la policía. Ya en el coche, con un policía a cada lado, la cabeza le daba vueltas.
      “Cómo era posible que se hubiese ido de Barcelona porque le agobiaba el tumulto y todo lo que ello conlleva y aquí, que es todo tranquilidad, que hasta el tren da la sensación de ser un autobús turístico, …”. No podía creer que le estuviera pasando eso a ella.
        En una sala amplia, otro policía la esperaba y otra vez la acusaron de haber robado a la niña, aquella niña a la que no había vuelto a ver, ya que en la estación se la llevaron los guardias.
        Ella explicó toda su trayectoria y la verdad de aquel viaje que tan fatal le estaba yendo. La acosaron de tal modo que rompió a llorar de impotencia, no podía entender, sólo repetía mil veces:
      -¡Debe de haber un error!- exclamaba sumisa.
        Una llamada de teléfono captó la atención del policía que la interrogaba.
Por la cara que ponía, la llamada le sorprendía. Cuando colgó el teléfono cambió el trato hacia ella; más amable le preguntó que adónde se dirigía, ella le contestó que a Mérida. A continuación, llamó a los policías que la habían detenido en la estación.   

       Ellos la pasaron a otra sala, y la invitaron muy cortésmente a sentarse en un sillón, un poco deteriorado:

       -Mire señorita ha habido un error, pero quiero que entienda que todo es un cúmulo de cosas, que no hay culpables, que son circunstancias que son inevitables. Usted dice que el canastito del bebé cuando llegó, ya estaba en el asiento, pues bien, lleva toda la razón, pero nosotros tenemos que cumplir con nuestra obligación. Cuando le explique, lo verá claro, mire, escuche: Un señor había puesto una denuncia porque, según el, cuando su mujer estaba paseando por la estación con el cochecito de su hija y se distrajo mirando a la gente que bajaba y subía, le quitaron el canasto del cochecito y sólo le dejaron el chasis. Esa era su versión. Pero este señor acaba de llamar para decirnos que fue su mujer la que puso al bebé en el tren porque dice,  está enferma, tiene una fuerte depresión post-parto y no quiere a su hija, aunque tiene altibajos, y otras veces llora por ella. Por lo que dice su marido, ya han tomado las medidas pertinente para que no vea a la criatura hasta que no este completamente bien. Bueno ahora, ya todo aclarado, usted puede continuar su viaje, así que cuando quiera la acompañamos a la estación, pero tendrá que esperar un tiempo, a esta hora tan temprano no pasa ningún tren. 
    “¡Temprano, serían las cuatro de la mañana!”. Se dijo ya más tranquila. 
La pobre Irene no tuvo palabras para quejarse, de todas formas, de qué le iban a servir. La acompañaron a la estación, se dirigió a la ventanilla y pidió un billete para el primer tren que pasara para Barcelona.
      “Volveré a mi ciudad, a mi casa, ¡ No quiero más aventuras!, pensó.

Manuela

Premiado día de Sant Jordi 


jueves, 27 de febrero de 2014

DESDE AQUÍ


              
Desde aquí presiento que hace mal día, la gente se resiste a salir, otros días a esta hora ya están desfilando.
   Ah, ya sube el ascensor, será  el del 5º, es el primero que baja cada día, ya me lo imagino restregándose los ojos con pinta de no asearse, con el pelo engominado, con esa cresta que parece un pavo al trote.
    Ahora presiento que bajaran los tortolitos del 2º, como están en plena luna de miel siempre están haciéndose arrumacos, mirándose en mi, que parece que les guste hacer practicas, como si no tuvieran su propia casa para esos menesteres, que no es que a mi me pongan los dientes largos, ya ves, yo tengo de todo.
   Ya mismo bajará la del 1º, esa decrepita con su perrito en brazos, con el camisón de dormir asomándole por debajo del abrigo;  lo malo es que no sale de la acera, por lo que dice la gente lamentándose: y es que la vieja es algo peculiar con el pelo de un caoba fuerte, los ojos pintados de un azul pavo y unos labios de un rojo fuerte con una sonrisa que deja ver su desdentada boca. A mi me ignora por completo, claro ella dirá que así no sufre.
  ¡ Ay! ha bajado el del 3º y ni me he dado cuenta ensimismado con la vieja.
¿Qué son esas voces? Ufff por la voz es el del 3º, que lengua, con quien lo dará, viene con un zapato en la mano, ya está, seguro que ha pisado los excrementos del perro de la vieja, dice que va tirar el zapato a la basura, eso no se lo cree ni él, con lo tacaño que es, que yo lo digo por lo que dice su mujer cuando baja con la amiga. Anda que ponen finos a los maridos.
    Faltan los del 4º, esos salen un poco más tarde, pobre viejo siempre arrastrando esa silla de ruedas, cómo va poder andar esa mujer si pesará más de 100 k. Pero bueno, como el marido no se queja, estaría bueno que encima se valla él primero, que eso suele pasar. Ella siempre con la bolsa de bollos, y él tan consecuente, lo que yo digo, de vez en cuando surge un santo.
    Ahora sólo falta la flor y nata de la escalera, no sé si me podré resistir sin piropearla, ya llega, con ese perfume embriagador que va esparciendo, con esa cara tan bella, ese pelo de seda, y esa esbelta silueta que apenas cabe en mí.
¡¡¡Ole lo más bonito de la escalera!!!
    Ella se vuelve, bosteza en mi, y escribe. ¡Gracias        Manuela